L'Incompiuta del Monte Colodri

by Manrico dell'Agnola


parete monte colodri



Indicaciones generales

 

Llegando a Arco desde Trento, a la derecha un poco antes del pueblo no se puede no ver la bellísima pared del Colodri. Tiempo atrás muy transitada por sus interesantes ascensiones clásicas, pero muy untuosas. Ahora, después de años de parcial abandono, está viviendo una segunda juventud justo por mérito de vías como l’Incompiuta. Esta ascensión, entre las más bonitas de todo el valle, sigue una lógica irreprensible conectando con bellos sectores de placas y diedros escalables. De hecho, la característica distintiva de esta ascensión es justo el estilo de su escalada que es de tipo clásico, muchos pitones normales clavados al estilo de Ivo Rabanser, un artista en este campo; la posibilidad de protegerse con fisureros y friends; y las reuniones con bolts y anillos, seguros cuando se asciende y convenientes para una rápida retirada. Eliminando alguna zona, la vía resulta accesible para escaladores de nivel medio, mientras que en escalada libre toda la vía requiere un nivel 6c.

 

Dificultad: un paso de 6c+ y algunos de 6b, 6a obligatorio

Tiempo: 3-5 horas

Longitud: 350 m

Material: equipo normal de escalada, friends y fisureros medianos

 

 

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Cuando allá abajo estaba Bepi

 

 

La de Bepi era una pobre casita justo debajo de la pared del Colodri. En frente a la izquierda había un pequeño prado, seco y pisoteado, donde los escaladores aparcaban los coches, quizás ocho plazas en total, pero eran suficientes. Alrededor había grandes rocas en las que, después de la escalada o cuando hacía mal tiempo, nos divertíamos midiéndonos en esas paredes en miniatura. No se hablaba todavía de escalada en roca pero, como se hacía incluso setenta años antes, pensábamos que también formaban parte de la escalada. Roberto Bassi, Hainz Mariacher, Manolo, Luisa Jovane… los más fuertes del momento. A nosotros, inexpertos y sin dinero, no nos quedaba otra cosa que mirar o presumir de Lucio que, con sus músculos vibrantes, era un portento en las rocas y, en este caso, salvaba el destino de nuestra compañía destartalada.

Bepi era una persona extraña, a veces nos invitaba a tomar algo, pero solamente si con nosotros había una mujer. Su casa estaba llena de piedras y nos contaba que en esas piedras buscaba su pie perdido en la guerra. En el interior de la pequeña casa había también una estufa, donde hervía siempre agua dentro de una grande olla. Recuerdo el olor a humo y sus historias románticamente delirantes.

Mis amigos están haciendo la ruta larga y yo asciendo directamente dejando a mi derecha la pizzería debajo de la pared, que entonces era la casa de Bepi. A la izquierda, una red no permite acceder al viejo aparcamiento y algunos árboles, crecidos demasiado cerca de esas rocas, no permitirían escalarlas. Miro hacia arriba la inmutable pared vertical del Colodri, a pesar de que todavía es temprano, una luz invernal y ya rasante pone en evidencia cualquier secreto.