AIGUILLES DU DIABLE

de Andrea Peron



"LAS AGUJAS DEL DIABLO, UNA LÁSTIMA NO ESCALARLAS. "


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Es un viaje perfecto a la montaña en la que se pueden utilizar todas las disciplinas, técnicas y habilidades de escalada. Escalar y moverse por un terreno técnico se tiene que hacer sin que haya problemas, por lo tanto, es esencial una buena comprensión entre los compañeros de escalada. Entonces, una ruta perfecta para marido y mujer.

La planificación es una parte importante del juego. Tácticas, equipo, ropa, comida... Llevar demasiadas cosas te hace ir más lento e ir muy lento puede resultar peligroso. Por lo tanto, intenta encontrar un equilibrio entre ir ligero y el nivel correcto de comodidad, o, dicho de otra manera, un nivel de incomodidad aún tolerable. Dado que los arrumacos funcionan bien estando casados, decidimos no llevar sacos de dormir ni colchonetas. Una chaqueta y unos pantalones térmicos son suficientes para dormir un poco.

A la 1 de la madrugada partimos desde Val Veny. Pasamos la cabaña Borelli, la escalada comienza en plena oscuridad. El sol sale cuando nos encontramos entre crestas, agujas y torres de granito de la Aiguille Noire de Peuterey. Poco después de las 2 de la tarde llegamos a la estatua de la Virgen María. Esta pequeña estatua marca la cumbre de la Aiguille Noire de Peuterey.

Descendiendo desde aquí, nos esperan unos 15 rápeles si queremos llegar a Des Dames Anglaises. Una parte de la arista es conocida por la baja calidad de la roca que exige estar mentalmente fuertes y tener los nervios de acero. Subir y bajar es una secuencia que repites varias veces antes de llegar al vivac. Ya es la hora de cenar, luego dormimos unas tres horas.

¡El día, o mejor dicho, la noche, visto que el despertador suena a la una y 55 minutos, ha llegado!
Poco después, ya estamos encordados hacia la Combe Maudite que recorremos hasta el final para iniciar el ascenso más rápido, entre nieve, hielo y roca, al Col Du Diable que alcanzamos en menos de tres horas desde nuestra salida. El sol nos saluda con un amanecer espectacular sobre todo el Valle d’Aosta y la parte meridional del macizo del Monte Bianco.
Aquí tenemos la certeza de que tendremos a nuestra disposición toda la arista solamente para nosotros sin que nos pueda molestar otra cordada. Esto no se puede dar por descontado ya que, para un itinerario de este tipo, son necesarias unas condiciones excelentes y unas condiciones excelentes, a veces, son sinónimo de multitud. Hace frío y no hay otra manera mejor para calentarse que atacar enseguida el Corne du Diable. Primera aguja, que se concluye con un largo de 20 metros. Nuestras manos frías gritan, por la reacción de la sangre que circula más rápidamente, exigidas por la escalada. Descendemos al collado y atacamos enseguida la Pointe Chaubert que recibe los primeros rayos de sol. Nuestras manos y nuestros cuerpos agradecen el calor de los rayos y, poco a poco, entramos en el mecanismo de la escalada que, a diferencia de otras paredes más clásicas, donde primero se asciende hasta el final del itinerario y luego se desciende, aquí hay continuos subibajas. Dos/tres largos para ascender y otros tantos rapeles en doble hacia la base de la siguiente aguja. Justo estas continuas maniobras marcan, al final, la diferencia en un itinerario de este tipo. Si eres rápido en los varios cambios de maniobras, en la lectura e interpretación de la reseña y en encontrar reuniones de rapeles, a veces un poco escondidas, te puedes defender con bastante rapidez. Si eres lento... anochece.
Nosotros, considerándolo bien, nos hemos defendido bastante bien y a las 11.30 horas hemos acabado nuestros subibajas entre las agujas, preparados para hacer la parte final del terreno mixto de la arista y alcanzar la cima sobre las 13.00 horas.



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ANDREA PERON E ADÈLE MILLOZ