CANI MORTI PLUS


Campanile Basso di Lastei, Pala Group

(8c max; 8a obb.; 200 mt)

by Ale Zeni



"Escondida allá arriba, como un rapónchigo de roca, entre mis amadas Pale di San Martino, había nacido la que se convertiría en la vía más difícil de estas montañas."


Campanile Basso di Lastei, grupo Pale di San Martino En mi vida, como en mis aventuras verticales, siempre he buscado un camino propio de desarrollo personal alimentado solamente de mi imaginación, algo que me pudiese poner a prueba y que llegase de lo más profundo. Por mi forma de ser, nunca he querido tomar el camino fácil, sino seguir el camino que requiere una dosis especial de dedicación, constancia y sacrificio. Todavía recuerdo cuando empecé a escalar, movía lentamente mis primeros pasos por las paredes verticales del valle y en el aire revoloteaba esa vía con un nombre que daba miedo: Cani Morti (Perros Muertos).

Escondida allá arriba, como un rapónchigo de roca, entre mis amadas Pale di San Martino, había nacido la que se convertiría en la vía más difícil de estas montañas. Una vía abierta en el año 2004 por mi amigo Riccardo “Sky” Scarian que, junto con Maurizio Zanolla, la descubrió y liberó. Algunos años más tarde, en el 2007, Mario Prinoth, fuerte escalador de Val di Fassa, consiguió la primera repetición. Después de él, nada más… Durante 13 años, Cani Morti cayó en un silencioso letargo. En esos años, pensé que nunca llegaría a escalar una vía de este tipo, pero como normalmente pasa, como una gota que cae y luego se transforma poco a poco en un río embravecido, mi experiencia y mis capacidades mejoraron lentamente hasta llevarme allá arriba, bajo esa imponente pared de roca. Quien me convenció a escalarla fue justo mi amigo Sky. Todavía recuerdo como sus ojos brillaban cuando hablaba de esa aventura y de esos días transcurridos haciendo largos vuelos con la intención de abrir ese difícil obligado. Me habló también de ese proyecto que no llevó a cabo, es decir la unión del primer largo de 8b+ con el segundo de 8a/+. Enseguida encontré esta idea realmente apasionante, "un paso de testigo” que llegaba directamente de un gran amigo y maestro. Ya se sabe que, para una vía como esta, no es fácil encontrar alguien dispuesto a acompañarte, 1 300 metros de desnivel y dos horas y media caminando es mucho, incluso para el más fiel escudero. Si encima el primer largo es el más difícil, todo se complica.

Hasta que un día conocí a Alessandro “Bobo” Rudatis, un alpinista taciturno, una de esas personas con la que te sientes bien, que tiene un estilo de vida sencillo y no participa en las redes sociales, pero demuestra extraordinaria clase y determinación cuando escala una pared. Unirme a él en esta aventura ha sido seguramente un estímulo más para dar lo mejor de mí. Fuimos los dos juntos a probar la vía y, durante los dos primeros días, yo me concentré en el encadenamiento de los primeros dos largos, mientras Bobo se concentró en el primer largo. Quizás, en parte por mis características, encontré desde el principio el obligado muy exigente, pero por suerte mi cuerpo se adaptó rápidamente a este estilo de escalada físico y poco agradable. En el segundo día noté que las cosas iban mucho mejor. En ese momento la idea de poder unir los dos primeros largos se concretizó.

 

 

Llegó el 26 de agosto y el calor tórrido de los días anteriores había dejado espacio a un aire septembrino. Ya desde la aproximación me sentía bien, lleno de energía y, cuando llegamos a la cima donde los prados floridos dejaban espacio a la roca desnuda, miré alrededor mío. Nos esperaba un paisaje impresionante, un telón de fondo de montañas que parecía que nos estaba abrazando, pero muchas sin nombre para mí. Pregunté a Bobo si me las podía nombrar y, empezando por la derecha, me las dijo todas de un tirón. Comprendí enseguida que, tanto para él como para mí, todo esto no era solamente un montón de cimas dispersas, sino una especie de segunda casa en la que había transcurrido mucho tiempo de su vida y había forjado su carácter. Las observamos todavía durante algún instante para luego ir más allá, hacia la pared norte del Campanile Basso di Lastei. Llegamos a la base con un plan muy específico en mente, un intento cada uno para luego ir más allá y ver los largos sucesivos. Si alguna vez conseguimos volver en un futuro, es bueno saber lo que nos espera para no frustrar la escalada libre.

Comenzó Bobo, pero ese ínfimo paso obligado no lo dejó avanzar más allá a pesar de haber escalado con extrema agilidad. Después del primer intento de Bobo, era mi turno, ¡ahora o nunca! Até bien los cordones de los pies de gato y miré hacia arriba, hacia esos cuatro spits del primer largo. Empecé con determinación y sentí que algo había cambiado dentro de mí, la hermosa energía de ese día fluía por mis venas y, sin casi darme cuenta, superé el primer paso obligado y conseguí alcanzar la reunión del primer largo. La felicidad era inmensa, pero el desafío todavía no había terminado puesto que, como había previsto, tenía que continuar en el segundo largo. Esta unión, como dijo Sky, era efectivamente muy lógica porque, cuando llegas a la reunión posicionada en pleno desplome, no consigues recuperarte mucho. Después de sacudir mis brazos me vi obligado a continuar, ¡era impensable descansar! Seguir en el segundo largo fue una verdadera lucha contra el cansancio y, en ciertos momentos, pensé que no lo conseguiría, pero afortunadamente se concluyó de la mejor manera. Alcanzamos la reunión y, con un grito liberador, pasé la cuerda de este increíble largo. No me esperaba conseguirlo ya ese día, así pues, me encontré escalando en dos largos completamente desconocidos. Desde ese momento, me di cuenta de que Bobo era un compañero de cordada realmente excelente. La energía positiva que me transmitió me permitió escalar en el primer intento el siguiente paso de 8a, un largo realmente bonito y en una roca de estilo Verdon. Cabalgando la ola del momento, escalé con euforia los sucesivos dos largos de 7b y 6c+. Cuando alcanzamos la cima, nos encontramos con frías ráfagas de viento que azotaban con violencia y que nos dejaron el tiempo justo para “chocar los cinco” antes de comenzar la serie de rapeles expuestos al vacío hasta llegar a la base de la pared. ¡“Cani Morti Plus” se había hecho realidad!

Descendimos hasta el valle bajo el cálido sol de la tarde. Cuando llegamos al bar, delante de una buena cerveza, volví a mirar la cima del Campanile Basso di Lastei todavía iluminada por los últimos rayos de sol y que, por fin, había conseguido tocar con la mano. Volví a pensar en estos tres días, ¡todo había pasado muy rápido! Pero esos momentos vividos en excelente compañía habían dado un verdadero sentido a todo esto. Un vez más había encontrado mi camino. Así llego al final de esta narración que espero sea de inspiración para algún otro joven alpinista, para alguna alma que, como yo en este momento, sea cazador de sueños antes que de grados, y que la pasión le empuje a encaminarse hasta allá arriba para vivir, a su vez, su propia aventura. Mi más sincera enhorabuena a los dos primeros escaladores de esta vía que, además de ser muy bonita, ha sido abierta con una ética realmente rigurosa. Para mí, aparte de haber sido un verdadero campo de pruebas, ha sido también una gran ocasión para saber cómo abrir una vía en modo respetuoso para la montaña, incluso usando spits. Quiero expresar también mi más sincero agradecimiento al legendario Alessandro “Bobo” Rudatis por haber compartido conmigo esta experiencia, por todas las risas que nos han acompañado en esos días allá arriba y con la esperanza de poder vivir juntos muchas otras aventuras en el futuro. Por último, y para dar indicaciones sobre esta ascensión, hablando puramente de dificultades, pienso que uniendo el primer largo de 8b+ con el segundo de 8a+ resulte un largo de 8c. Como siempre, dejo la palabra a los dispuestos repetidores.



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Ale Zeni