El nombre inglés «Iceland», la tierra de hielo, puede hacer soñar solamente a quienes, como nosotros, son amantes de esta materia. De hecho, ya las vistas de la isla desde la ventanilla del avión, pintadas de rosa por los últimos rayos de sol, eran mágicas. Ninguno de nosotros tres habíamos estado antes en Islandia, ni yo, ni mi pareja Marco, ni tampoco nuestro amigo Maurizio, que nos ha acompañado en este viaje. Por esto, nuestra curiosidad era grande.


Hemos cogido nuestro Defender 4x4 y, con nuestro amigo y guía local Matteo, que vive en Islandia desde hace 7 años, nos hemos dirigido hacia el sudeste de la isla en dirección al parque nacional de Vatnajökull, el casquete glaciar más grande de Islandia.


Para hacer los 340 km que nos separaban de nuestro destino, hemos estimado un viaje de unas 5 horas en coche por carreteras a menudo heladas en invierno. Durante el trayecto, hemos parado en «Black Beach» para contemplar las míticas columnas de basalto y los famosos farallones.
El objetivo de este viaje era el de escalar tres tipos diferentes de hielo: las cuevas glaciares, los molinos glaciares y las clásicas cascadas.


Durante los preparativos antes de partir, Matteo nos había anticipado que los molinos glaciares en invierno podrían estar «tapados» por la nieve y, desgraciadamente, así ha sido. Nosotros hemos querido comprobar de persona que realmente era así antes de abandonar la idea. Por desgracia, tanto los molinos encontrados por la tarde como los del día siguiente, estaban completamente cerrados por la nieve y no había manera de entrar para escalarlos. Pero hemos tenido la oportunidad de admirar un glaciar fantástico y de caminar por dunas de hielo y de nieve que habían creado formaciones maravillosas.

 

 

Estábamos realmente seguros de que habríamos encontrado la cueva glaciar, independientemente de la nieve y de las altas o bajas temperaturas.
¡Dicho y hecho! ¡El descubrimiento de esta cueva de hielo natural nos ha dejado sin aliento! Un largo túnel azul esculpido por un rio de agua termal que mana del interior del glaciar. Se insinuaba ruidoso en la lengua glaciar. Luminoso en la entrada y cada vez más oscuro en el interior. Fascinados por esta posibilidad de escalada en hielo desplomado, nos hemos puesto inmediatamente a trabajar para equipar una línea con tornillos de hielo y, enseguida, hemos intentando una primera escalada.


La idea de Matteo de ir a las cascadas de hielo, en alternativa a los molinos, nos ha dado la posibilidad de probar el verdadero off-road islandés. La conducción ha sido bastante arriesgada, por una pista de nieve pisada con tramos de camino sin asfaltar con profundos charcos y socavones de los que no se conseguía percibir la profundidad.


Cuando hemos llegado, nos hemos quedado extasiados por un muro de hielo que bordeaba el glaciar ¡Este muro inminente de hielo compacto nos ha dejado sin palabras!


Clavar piolets y crampones en este hielo de más de 200 años parecía casi un sacrilegio. Afortunadamente, Matteo nos ha explicado que los agujeros se cerrarían rápidamente con la nieve y el sol, y que, en pocos días, nuestras trazas desaparecerían. Hemos individuado enseguida dos líneas por las que escalar; ambas tenían la salida desplomada como si fuese una vela hinchada por el viento, y el color del hielo pasaba del negro del fondo, debido a la ceniza lávica, al azul de la parte superior. Un espectáculo de la naturaleza, único en su género, una verdadera joya para los amantes de esta disciplina.

 

Matteo y Maurizio han decidido escalar la única cascada en la zona que estaba en condiciones de seguridad después de las altas temperaturas de la semana precedente. Marco y yo hemos optado por ir a comprobar los accesos a otros glaciares y a disfrutar de los panoramas que nos podía ofrecer el viaje. Hemos explorado una laguna que ha resultado ser maravillosamente única. Hemos visto enormes icebergs que se despegaban de los glaciares y que, poco a poco, se dirigían hacia el mar. Otros que regresaban a la playa por la fuerza de las olas y aquí, gracias al efecto del sol, se transformaban en diamantes de hielo de varias dimensiones y formas. De aquí el origen del nombre de la playa que tanto nos había despertado curiosidad, «Diamond Beach».

 

 

Al día siguiente, hemos regresado a la cueva glaciar para intentar la escalada libre de nuestra vía. He empezado muy motivada, pero en la mitad de la vía el piolet se ha quedado clavado en el hielo. Probablemente lo he clavado demasiado en profundidad y, por esto, he tenido que luchar durante unos minutos, suspendida en el techo casi horizontal de la cueva, antes de conseguir sacarlo y escalar hasta la cadena. Me he sentido realmente feliz de haber podido escalar por primera vez en mi vida este tipo de formación. Bonita, difícil, con un hielo muy compacto. Imposible encontrar una formación así en nuestras montañas. También Maurizio ha conseguido completar la vía y, esta vez, hemos regresado a casa antes que anocheciese. Hemos aprovechado el tiempo libre de la tarde para cocinar al horno una buena pierna de cordero con patatas de Islandia. ¡También la cocina es un aspecto importante durante un viaje en un lugar tan remoto!

 

 

En Islandia, es indispensable estar pendiente de las predicciones meteorológicas. Desde hace días, estaba prevista una gran nevada y, cuando de repente ha llegado junto a un fuerte viento que superaba los 150 km/h, hemos tenido claro que ese era el día perfecto para descansar. Debido a la reducida visibilidad y al fuerte viento, Protección Civil ha cerrado completamente todas las carreteras. Durante la noche, el viento no ha parado de soplar y, a la mañana siguiente, el primer análisis de la meteorología para los siguientes días ha predicho lo que habría sido una gran desilusión: otra perturbación se estaba acercando y sería peor que la primera. A este punto, hemos entendido que la única opción para llegar con un cierto margen de tiempo al aeropuerto, era la de salir enseguida para Reykjavik. Así pues, hemos aprovechado los dos últimos días para visitar el famoso Geysir y el centro histórico de Reykjavik. Escalar en la tormenta de nieve era algo impensable.

 

 

Para nuestro viaje disponíamos de un total de 11 días, incluidos los dos del viaje en avión. En los tres primeros días, hemos escalado poco, pero los hemos aprovechado, sobre todo, para inspeccionar y comprobar las condiciones del hielo, y para escoger los mejores lugares para tomar las fotografías y realizar las filmaciones. Los tres siguientes días, los hemos dedicado exclusivamente a escalar, mientras que los últimos tres han estado condicionados, por desgracia, por el mal tiempo. Nuestra idea era un poco diferente, hubiésemos querido escalar dos días más y luego dedicarnos a visitar la isla, pero no ha sido posible. En Islandia, la belleza de la naturaleza parece infinita, pero lo es también la fuerza de la naturaleza. Al final, siempre decide la Madre Naturaleza.
Un agradecimiento especial para nuestro amigo Matteo Meucci que nos ha enseñado algunos de los rincones más bellos de esta tierra árida, pero espectacular.

 



experience by

Angelika Rainer







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